CAIMITO. MI PUEBLO EN CUBA
Gabriel Garcia Maroto

Un pintor español en Caimito en 1930

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Noventa días en la pintura de
Gabriel García Maroto
Por Omar Felipe Mauri Sierra

Imantado por un pueblito habanero con nombre frutal, el pintor Gabriel García Maroto abandonaría en 1930 la capital cubana y se establecería en Caimito. Solamente 90 días y la relación transformó a ambos: el artista, poseído de formas y colores, desplegó una labor febril; el pueblo, deslumbramiento y gratitud, prolongaría su obra hasta hoy.

Viajaba con Federico García Lorca, Fernando Ortiz, y otros intelectuales entre el pueblo de Mariel y La Habana cuando se sintió atraido por la música del clásico sexteto de Ignacio Piñeiro.

"Eran los finales de mayo - escribió García Maroto en su artículo Noventa días en Caimito del Guayabal, colofón del catálogo para la exposición con que se despedía - . Terminadas mis obligaciones con la Hispanocubana de Cultura, realizada mi exposición de dibujo en la Asociación de la Prensa, con frecuencia gustosa recorría, en la más perfecta alianza con los Quevedo, con Fernando Ortiz, con Adolfo Salazar, los maravillosos caminos cubanos, asomándome de cuando en cuando a la gracia difusa del mar, un poco reducido en belleza por las hermosura de las campiñas anhelantes

"Corríamos caminos a La Habana. Al atravesar un poblado hechizó nuestros oídos, el aire sabroso de un son, cortó nuestros pasos un grupo de gentes detenido frente a la entrada de un Casino, en cuya sala principal un sexteto de mozos morenos, teniendo por fondo un telón de color y arabescos arbitrarios, gesticulaban dignamente sirviendo al ritmo de la música.

"¿Qué pueblo era aquel que se parecía a tantos pueblos del camino, que tenía menos poder de expresión urbana, que Hoyo Colorado, que Punta Brava, desde luego mucho menos que Guanajay, tan ufano en su situación, tan estimador de su parque, de su nuevo teatro?

"Nos apeamos del automóvil. Presenciamos el baile, caminamos por la calle larga, adormilada, abandonada, oscurecida ya por la media noche sin luna.

"Todo el ruido, todo el regocijo, toda la vida urbana, había sido absorbida por el baile atrayente del casino apartado, y allá, en el centro del pueblo, humilde, recogía en sí misma, temblorosa y mágica, la plaza rosa sin par, azul grisado sin conocido parentesco, verde amargo y negro profundo ligado sin fundirse en inusitada alianza"

Su impresión se traduce en imágenes de sabor modernista, coloridas rítmicas, exuberantes. Las intensidades del paisaje ceden a las humanas, que conquistan su voluntad de hombre, artista y luchador. Su conciencia vuela tan alto como su sensibilidad.

"A los pocos días del encuentro, vivía yo en Caimito, en una celda teñida de blanco azul, que hacía pareja con la celda donde de tiempo en tiempo esperaba su castigo o su absolución los malvados del término() Y he atendido con el más vivo regocijo el deseo de mis compañeros de Caimito y he realizado una imagen de Marx, el hombre que soñó y tradujo en leyes que van teniendo vigencia activa, una transformación social, de responsabilidades generales

"Uníos con los más apretados lazos a vuestros hermanos los trabajadores del mundo, enriqueceos con la solidaridad auténtica que nace del esfuerzo común, sed seres, en fin, capaces de merecer y ganar una organización social en la que la justicia ocupe el primer puesto."

Y por ese estado de fecundidad y justicia a que aspiraba su presencia, irradiaba movimiento y saber. Creó un taller libre de artes plásticas, promovió una amplia labor educativa en colegios e instituciones locales, dictó conferencias sobre poetas y pintores españoles, realizó expresiones de pinturas y vinculó a la población y a los intelectuales más destacados de su época: Federico García Lorca, Juan Marinello, José Vasconcelos, Fernando Ortiz, Flora Díaz Parrado, Jorge Mañach, Gustavo Massager y Ofelia Rodrígez Acosta, entre otros.

Profusa fue su actividad pedagógica, buscó modelos, pintó en público, explicaba de técnicas y principios: "Enseñar a ver las cosas conocidas rehechas por la efusión artística, mostrar el natural transformado por la capacidad lírica"

Admirado como un maestro y querido como un amigo se despedía de aquel pueblo Gabriel García Maroto, en agosto de 1930.

"Esto es lo que os desea un compañero que como artista quiere para su arte una máxima libertad de expresión, que como hombre - y es hombre ante y después que pueda ser artista - , sabe condicionar su vida a la vida de los que sufren, ha rendido con frecuencia esfuerzo para bien del proletariado, tiene para vosotros su más cordial estimación, su amistad más viva y duradera."

Años más tarde, maltrecho por las heridas de la guerra, penando la derrota republicana, García Maroto desembarca en La Habana. A su modestísimo albergue del puerto acudieron a verlo numerosos amigos de Caimito. Nos obstante su débil estado, el artista irradiaba optimismo y continuaba luchando y creando por su patria, y por su entrañable Cuba, deseando regresar al pequeño pueblo con nombre de fruta exótica.

Jamás volvió García Moroto.

Desde hace años se le consagra el sitio más selecto en el museo de la ciudad y una gratitud anchurosa en la memoria y la cultura cubana.


... este articulo lo saque de Internet. No conosco a la persona que lo escribio y si este desea que sea removido de mi pagina, lo hare inmediatamente...